Carla Fibla García-Sala

“La vuelta a Madrid fue extraña. No sentía que estuviera regresando a mi país de origen, seguramente porque siempre tuve la suerte de crear hogar en los sitios donde viví. La condición privilegiada, con un trabajo y un proyecto de vida definido, con la que llegué a los lugares a donde emigré lo facilitó todo. De hecho, fue el regreso a España el que carecía de planificación profesional: la incertidumbre de empezar de nuevo, con experiencia en la mochila pero desconociendo el panorama mediático y la involución que la información internacional, a la que llevaba dedicándome desde hacía veinte años, me deparaba.

Y cuando empecé a pasear por el barrio en el que iba a vivir, en los parques cercanos, las plazas, la mirada se me iba sin remedio a las personas de otros países, sobre todo a las de origen árabe y africano, con las que había convivido tanto tiempo y a las que, sin duda, ya echaba de menos. Me gustaba escuchar una conversación en árabe entre dos mujeres, o comprobar la presencia en tiendas y restaurantes de personas de diferentes países. Empecé a observar qué tipo de adaptación se había generado, a interesarme por la situación en qué vivían las personas migrantes en mi nuevo hogar. Y el acercamiento partía de que, a pesar de haber nacido en este país, de conocer el idioma, las costumbres y actitudes de su población, me sentía extraña, fuera de lugar, en un espacio indefinido e incapaz de establecer una conexión real con mi entorno. Viajaba con facilidad, acudía a lugares reconocibles, recibía el cariño de los que llevaban tiempo sin formar parte de mi cotidianidad, pero la forma de vida era tan diferente que apenas encontraba asideros a los que agarrarme.”

Mi hogar es cualquier parte, Carla Fibla García-Sala, editorial Libros.com