Luis Goytisolo

 

«Un Trabajo, a veces, con algo en común con el del forzado, no más libre el preso que nosotros de abandonarlo, por más que nos preguntemos qué coño nos lo impide, qué coño hacemos sentados ahí, poniendo una palabra detrás de otra como una hormiga que acumula grano, afectados quizá por la llamada de la calle, esa calle como más amplia y clara sin el follaje de los plátanos, ahora desnudos y podados, como más despejada, cuando, pese al sol flojo y desvaído y a los cuellos de piel y a las bufandas ondeantes de los transeúntes, hay algo en la ciudad que nos hace caer en la cuenta que ya falta poco para la primavera. La escasa predisposición al trabajo, los pretextos que uno se busca, divagaciones, pensamientos a la deriva, recuerdos, el paseo con Matilde por el parque de Sceaux una tarde de verano, por ejemplo, entonces uno sale a comprar el Herald Tribune o Le Monde ‒si han llegado‒ y alguna revista ‒si no ha sido secuestrada‒ y a recoger de paso la correspondencia y, como si el cartero se hubiera propuesto brindarnos nuevos temas de evasión, transmisión del pensamiento, premociones, etcétera, nos encontramos con una carta de Matilde, sugerente incluso antes de abrirla, ahora que en París, por poco bueno que haya sido el invierno, deben estar apuntando ya los crocus y destacando en el verde el amarillo de las forsythias, ambientación que se diluye mientras uno va leyendo querido Raúl, ¿cuánto crees que puede durar un amor definitivo? Porque esta vez, y va en serio, creo que es definitivo. Pero me gustaría saber tu opinión, que os conocierais. ¿Tienes previsto algún viaje a París lo antes posible? Si no es así, quizá lo mejor sea que vayamos a España lo antes posible. ¿Está ya el mar como para bañarse? ¿Encontraremos hotel abierto en algún pueblo de playa? Más tuya que nunca, Matilde.»

Los verdes de mayo hasta el mar, Seix Barral