Mario Benedetti

Mario Benedetti

 

En el jardín del hotel encontré una tarde, grabadas con un cuchillo o un cortaplumas en el tronco de un pino, las letras A y A, metidas en un corazón torpemente diseñado, y me puse a imaginar acerca de aquellas iniciales y la remota pareja que nombraban. El trazo parecía antiguo, como si incontables lluvias lo hubieran lavado y vuelto a lavar.

Antes de ser hotel, aquel viejo edificio había sido una muy confortable residencia de gente acomodada. Quizá las iniciales provenían de esa época. Se me ocurrió que la primera A correspondía a un Arsenio y la segunda a una Azucena. Elegí que fuera un amor clandestino, o por lo menos censurado, digamos entre primos hermanos, o tal vez Arsenio podría haber sido el hijo menor de la familia y Azucena una sirvientita adolescente y tierna, que finalmente habría quedado embarazada y en consecuencia fue despedida, pese a la desesperación de Arsenio, quien seguramente aún no habría profundizado en la existencia de las clases sociales. También podía ser que Arsenio fuera el chófer y Azucena la niña de la casa, claro que en esa situación no habría quedado en cinta, ya que el chófer sí sabría de clases sociales (y métodos anticonceptivos) y sería consciente de a qué penalidades se exponía por presunta violación de una menor de pro.

La borra del café, Ediciones Destino. Áncora y Delfín

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