Terenci Moix

“Brindo por Alejandría, la del gran sueño literario, la del gran refugio clásico, la del disparate arquitectónico, y corro el necesario velo sobre el presente de una Alejandría reducida al destino, más bien triste, de una playa de moda. Las espléndidas villas de la colonización europea ‒con sus eclécticas arquitecturas‒ desaparecieron casi todas, víctimas de la piqueta y el creciente apogeo, junto al Mediterráneo, de espantosos rascacielos en el peor estilo Benidorm. La sociedad cosmopolita que refleja Durrell, en su magistral laberinto literario, salió con pies en polvorosa a partir de la revolución nasserista (que no supo oponer, en su lugar, ni siquiera una cultura proletaria: solo la incultura). Y apenas cuatro ruinas ‒más bien tristes‒ me recuerdan que, dos mil años antes de toda esta invención literaria, Alejandría fue el gran centro cultural del Mediterráneo. ¡Espléndido prestigio de la Nada!

Pero ese viaje no es tiempo perdido. Permanece, evanescente, la fascinación del híbrido que es, desde el principio de su historia, Alejandría Y aunque los espejos del «Hotel Cecil» no devuelvan ya, las imágenes fragantes de elegantísimas madamas imitando los modos de París, y aunque las academias donde floreció, con pompa, el neoplatonismo no tienen una sola ruina que las evoque, alguna magia especial, inmanente, ligera y única permanece en el solo nombre de Alejandría, the unforgotten city de Durrell. Con la edición completa de Alexandria Quartet en la mano, Enric Majó y yo recorrimos las calles de la ciudad soñada para ir reencontrando, aquí y allá, calles, memorias, frustraciones de invenciones (o su realización). Y el experimento demuestra curiosidades de altísimo turismo; por ejemplo: que en la gran arteria que fue la Rue Fuad (hoy Nasser) esquina a la tan citada Rue Nebi Daniel, no se encuentra, como quería Durrell, la barbería babilónica de Mnemjian, «el oráculo de la ciudad», sino una muy moderna sucursal de la Librería Hachette. Y se comprende por qué fue tan vital para Justine ‒nuestra Justine‒ abandonar el barrio árabe y triunfar, señorona, en la sociedad de los grandes bulevares europeos.”

Terenci del Nilo, Plaza & Janés